Llevo un tiempo atrapado en una de esas proposiciones de principios de año que la mayoría hacemos. Perdonar la broma fácil pero me está resultando toda una odisea terminar la Ilíada. Y lo curioso es que el libro me gusta, me gusta mucho pero lo que sucede es que los acontecimientos transcurren tan despacio que uno parece que no avance. La lucha entre Aquiles y compañía contra Héctor y los suyos es narrada por Homero con un detalle increíble. Los versos que constituyen la Ilíada reflejan minuciosamente la crudeza de la guerra y las emociones de los hombres que participan en ella.
Una de las primeras cosas que salta a la vista es la importancia del pillaje en tiempos homéricos. Prácticamente en casi todos los combates la secuencia es la siguiente: A se encuentra con B, A ataca a B, a B se le desatan las rodillas (muere) y finalmente A le quita las armas a B.
Incluso entre los aliados de un mismo bando el botín de guerra es motivo de discusiones por ejemplo Aquiles y Agamenón tienen sus más y sus menos por la bella Briseida. Parece que la cuestión monetaria es tan importante como el hecho de devolver Helena a Menelao.
Pese a que la Ilíada está escrita desde el lado griego no puedo evitar sentir cierta simpatía hacia Héctor. El héroe troyano hace todo lo que puede por salvar a su ciudad del asedio aqueo al que ha sido sometida por las irresponsables acciones de su hermano Paris sabiendo que hay pocas esperanzas de alcanzar la victoria.































